Pero antes y después, la emoción la pusieron 40.000 enloquecidos pinchas. Cuando Estudiantes entró, no se vio nada más. Una nube de humo impenetrable se devoró, literalmente, al estadio.
Metido hasta la médula de la historia pincha, Sabella quiso aprovechar el clima popular y la mística de antes y llevó al plantel a un salón de la concentración, donde se pueden ver imágenes de los campeones pasados."Ellos ya tienen el cuadro. Ahí hay uno vacío, falta la foto de ustedes", les dijo a los jugadores.
Y por si a la noche le pasara algo, pasada la mitad del primer tiempo se rompió un grifo y la cancha se empezó a inundar. El charco llegó hasta el área chica del Cruzeiro, pero se cerró la llave de paso y a otra cosa.
Y si no vinieron los goles, los gritos no faltaron. El aliento nunca paró, y amenaza con seguir en Belo Horizonte.

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