viernes, 10 de julio de 2009

Y el nene llegó adonde tanto anhelaba, a la final tantas veces escuchada. Y el nene la jugó como se lo contaron, con el alma ante todo, sin estar 100% en lo físico pero al 200% en lo espiritual. Metiendo en cada acción, recuperando a la par del Chapu Braña, contagiando y, aun sin resto para llegar al área contraria, siendo lo más punzante de Estudiantes. Con esa derecha tocada con una varita, ya sea para acariciar un tiro libre o meter una volea envenenada. Pero, claro, en la época de papá los arqueros brasileños no eran tan buenos como ahora. Y los volantes no raspaban como ahora. El pómulo izquierdo de la Brujita es el mejor testigo posible, hinchado y manchado por un codazo de Ramires, que llevó hasta La Plata las lecciones de Dunga.


Con la sangre en el ojo, en definitiva, se quedó Sebastián. Masticando bronca porque en los primeros 90 minutos no se pudo sacar una ventaja para ir con margen a Belo Horizonte. Aunque el capitán, de escuchar y seguir escuchando a los más grandes, sabe mejor que nadie cómo es esto de las hazañas coperas, de la mística. Por eso quiso jugar un partido que no lo hubiera visto si fuera otro. Porque la distensión en el sóleo de la pierna izquierda le pedía una semana más de descanso. Pero en una semana estará en el Mineirao tratando de que su foto con la Copa se cuelgue juntita a la de padre. Para contar una historia de herencia familiar. Una historia que aún no ha terminado...




ETERNAS GRACIAS D11OS...

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